La experiencia de estrechar lazos de hermandad entre creadores.
Edición 2023, mi segundo año en Barranquitas entre páginas. Aunque en esta ocasión no fui a una mesa como escritor, sino que cargué con mi cámara y las ganas de capturar momentos. Tenía una doble meta: tomar fotos pertinentes que fuesen realmente representativas del evento y capturar momentos casuales que reflejaran candidez y naturalidad. Un pensamiento demasiado pragmático, casi mecánico, si me preguntasen ahora. Pero las cosas fluyeron más allá del plan y llegué en busca de esos momentos que cuentan una historia; conversaciones, baile, risas… Conversaciones entre libreros que al parecer se conocían de toda la vida y que bien podrían escribir la historia de la evolución literaria en la isla. Conversaciones entre autores y lectores interesados en encontrar ese nuevo libro que le acompañaría… al menos por un tiempo. Conversaciones con uno mismo, como en mi caso, dejando a un lado el cargo de conciencia por saber que todavía tengo una estiba de libros pendientes por leer y que de todos modos cargaría con varios más (¡porque había que aprovechar!).
Conversaciones, camaradería, cultura, buena comida, buenas bebidas…
Mientras caminaba entre las mesas no podía evitar contagiarme de la buena vibra de la gente. Cámara en mano, logré atrapar varios momentos… miles. En lo que a fotografía se refiere, se diría que tengo que disciplinarme. Pero ¿cómo evitarlo? Mis ojos se movían a la expectativa para no perder detalle. Considerando todo lo que vi, todavía no puedo dejar de pensar y hasta lamentar lo que quizás pude haberme perdido. Aun así, no me quejo; no podría. Fuimos todos testigos del talento de niños y jóvenes en representaciones teatrales, baile y, por supuesto, autores en cierne cosechando sus primeras obras literarias. Se diría que era inevitable que en todo permeara el elemento fundamental del evento: la pasión por contar historias. ¿Podría descartar el baile? ¿Acaso no dije ya que estábamos siendo testigos del derroche de talento de esos jóvenes y niños? ¿No es eso, en sí, ver la historia en progreso? Quizás estoy siendo muy ligero con el tema de “las historias”. Pero continúo extendiéndolo, dirigiéndome a los artesanos que, entre tejidos, orfebrería, pintura y tantas cosas más contaban sus historias; tanto en la apreciación de cada pieza como en su proceso de elaboración.
Ni hablar de la música…
Entre tantos libros, tenía que aparecer uno sobre esos temas que tanto me apasionan; la música. Decir que simplemente tuve una amena y extensa conversación con el autor, no le haría honor al momento. Me moví de su mesa sintiendo que por un instante fuimos hermanos en la pasión por la música. Concordando en algunos casos, aprendiendo (por mi parte) en otros, desde el jazz hasta la influencia que tuvo en la salsa, el rock y otros géneros “apócrifos” como el infame “metal” en sus variadas encarnaciones. Admito que me fue difícil abandonar la mesa, pero tenía que continuar; la cámara parecía hablarme y advertirme que todavía quedaban más momentos por descubrir. Claro, no sin confirmar lo que me hizo sentir mi primera experiencia en Barranquitas entre páginas. Quizás llegué como un autor dándose a conocer, pero salí con familia extendida y una sensación de hermandad invaluable. Creo firmemente que es la sensación que nos llevamos todos.
Entonces, la poesía…
Hubo autores que leyeron sus poemas con un apasionamiento tan contagioso que uno podía respirar el poema; en algunos casos fue inevitable ahogar la vista de orgullo patrio y de lágrimas de hermandad. Tanto en este evento, como en el del 2022, me pareció interesantísimo escuchar poetas que mantenían viva la tradición de las décimas puertorriqueñas. Así como la genuina entrega de autores para derramar su verdad, su crítica, sus amores o mal de amores y tristezas superadas… o no. La poesía siempre será para mí un género literario muy personal, por lo que siento un respeto profundo por cada hermano escritor que se confianza en versos. No es solo talento, sino valentía. La valentía que se crece en letras.
Sentí nostalgia por no estar en mi mesa, con mi libro… no lo puedo negar. Con todo y ser instrumento de documentar historias a través de mis fotos, no pude evitar una leve sensación de vacío, por no estar en mi silla siendo lo que principalmente soy; escritor. A pesar de todo, la nostalgia no me agobió. Estreché lazos con hermanos escritores, escuché historias que nada tienen que ver con la literatura… ¿O sí? Compartí con gente que, sin ser escritores, no podrían negar que en cada uno de nosotros vive la necesidad de contar historias. Tal es la máxima característica del ser humano. Así, por ejemplo, escuché con absoluta reverencia y sincero respeto la historia de un gusto por cierta cerveza, cuya conclusión me pareció que ameritaba su consumo como elixir sagrado (salud, distinguido, usted sabe quién es). Porque hay detalles que solo se entienden hasta que se comparte ese trasfondo y, como revelación impactante de un cuento, te llevan a ese momento “¡wow!” que te hace abrir los ojos y hasta emocionarte porque, de nuevo, como en todo buen cuento, al final comprendes todo. Sí, compartí con seres humanos increíbles y rompí mi dieta de cerveza con el gran Paco Parés (a ti no te voy a dejar en el anonimato, hermano).
Finalmente, el evento cerró con música y mucha energía…
Sia, tú y todos los que te ayudaron se merecen un aplauso por el inmenso trabajo y por un proyecto que va más allá de un espacio para mostrar libros. Lograste reunir, locos, creadores, cuenteros; novelistas de lo absurdo, de lo oscuro, lo “prohibido”, de universos fantásticos y de corazones rotos o esperanzados; poetas patriotas, poetas de amor, de tragedia, poetas de su verdad, su valor y su entrega; amantes de las artes y la cultura en todas sus formas. Nos reuniste como familia. Pero a pesar de cierta nostalgia por el inevitable final del evento, hay que considerar la satisfacción de un evento exitoso y reconocer el alivio del descanso merecido.
Después de todo, la música fue un buen aliciente. La emoción de cantar, bailar y, para mí, de poder fotografiar por primera vez una banda en vivo (¡Y qué espectacular presentación!) fueron un incentivo para olvidar, por un rato, que el evento llegaba a su final. No habría otra mega tertulia de hermandad literaria y otras artes hasta el próximo año, pensé. El evento más grande de la comunidad literaria puertorriqueña cerraba, como dicen, con broche de oro. Me propuse firmemente que para el 2024 regresaría con cámara y con libro… dos medios distintos de contar historias, pero una misma pasión. Sin poder evitar la nostalgia, conduje esa noche con las piernas adoloridas, satisfecho con las fotos y sintiendo que abandonaba la dimensión a la que realmente pertenecía para regresar a eso que llaman “realidad”. Irremediablemente, todavía lamentando no haberme presentado como el escritor, sino como el fotógrafo. De paso, iba por el camino hablando solo y pensando “sin querer” en darle forma a este escrito. Un momento de lucidez me hizo sonreír. Sonrisa que nuevamente me invadió al terminar este párrafo.
Decir “somos lo que somos” puede ser un cliché, pero a veces es la verdad más simple. Porque, aun sin haber estado en mesa, quién diría que al final, y aunque haya sido algo así como una crónica breve o una colección de estampas del evento, la pasión se salió con la suya. Como le dijo Pablo Sandoval a Benjamín en la película El secreto de sus ojos:
“¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión”
Entonces “soy lo que soy” y, con todo y una seria cantidad de fotos por clasificar, cierro esta breve crónica dándome cuenta de que el narrador ganó… reconozco que la cámara solo fue un medio para canalizar mi verdadera pasión por escribir. Finalmente, sí fui como escritor.

Nos vemos el 2024.
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Nydia Ortiz
M.A.Carrión